Cuando la obra adquiere su forma

Una figura femenina corona la cabeza de una escalinata. Por su composición y posición podríamos pensar que viene de la proa de un navío de los de verdad. Los pliegues de la tela con la que se cubre, traídos a la realidad en el mármol, se pegan al cuerpo de esta mujer. Tiene alas, están erguidas en su tronco, que adelanta a su vez una pierna. Quiere hacernos creer que se mueve.

Quién sabe si la Victoria alada de Samotracia tuvo rostro algún día, si, efectivamente, se destinaba a honrar con su belleza un barco o si fue majestuosamente esculpida por un artista de Rodas. Majestuosa, es. También mi favorita de entre todas las de la época.

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Las memorias del ser, que parece atusado por el viento, deberían comenzar en el bloque de mármol que un día fue. Comenzó en piedra y acabó en venerada. Las obras de arte necesitan del tiempo de creación. La magia del arte en gestacióndice Lara Siscar en “La Vigilante del Louvre”, la primera novela del rostro del departamento del Informativo público. Como el artista por vocación, la periodista ha cincelado el frío de la piedra con la historia de tres mujeres que, en un principio, tendrán una razón de ser distante entre ellas. Pero poco a poco, en el bloque inerte, asomarán unas piernas.

El legado escultórico de la Antigua Grecia permite agrupar el arte de los antepasados helénicos en periodos. Las obras tienen nexos de estilo que las conectan. Isabelle, Diana y Claudette tendrán también el suyo. Las mujeres de Siscar se rinden al protagonista de lienzo que las relaciona en la novela. Es un cuadro, controvertido por su ser, que expresa de manera explícita cómo comenzó todo: El origen del mundo, de Gustave Coubert. La piedra está dejando de ser un bloque, ahora parece una mujer.

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Leer “La Vigilante del Louvre” es adentrarse en las notas del escultor que le dio alas al homenaje a la diosa de la victoria. Al principio es difuso. Después la artista comienza a crear. Un bloque de mármol, ¿qué podría ser? Cincela. El martillo y el cincel indagan en las formas. Poco a poco, sale. Por eso no hay que desistir. No hay que desistir en la lectura. En la intromisión en la vida de las tres mujeres. En la creación del arte que será expuesto. Al final, se vuelve nítido.

Ni el Louvre se colmó de arte de la noche a la mañana ni Roma se construyó en dos días. La técnica de Lara Siscar es una prosa delicada, como el tejido de gasa de la mujer de mármol. Su historia hay que contemplarla, vivir el proceso. La novela se desarrolla en París. La bella Victoria de Samotracia sigue siendo un bloque de mármol al final de la escalinata en el museo del Louvre. Pero, ¿quién lo diría?

UG.

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