Volver a besar dos veces el pan

Vaticinaron tiempos de cambio. Habrá sonrisas e ilusión, dijeron. Al final no nos ha quedado más que la esperanza. La esperanza, que dicen que es lo último que se pierde, y la nuestra no lo hace por no ponerse a nuestra altura. Podríamos haberlo hecho, haber salido. Pero, al parecer, el sabor del barro es plato de buen gusto de los menús del día.

Ni la tentativa de privatizar la sanidad, ni los desahucios, ni la discriminación, ni la violencia sobre las personas y los animales, ni el intento de gobernar incluso sobre el amor, ni las pensiones, ni el desempleo. Son todos factores de la realidad y podrían haberse quedado sólo en el argumento de una obra sobre la desdicha.

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En todo ello, y en nosotros, precisamente se inspiró Almudena Grandes para escribir Los besos en el pan: una obra que habla de NUESTRA realidad y que, ahora, puede incluso tener segunda parte.

Cuando la desgracia se plasma en tinta y papel parece, como mucho, que te roza. Esta en concreto te toca, te arrolla y te derrumba. Porque llevamos tiempo siendo sus protagonistas.

La escrita por Grandes es la historia que habla del momento en el que los efectos de la crisis asumen el “Ver para creer” y se hacen palpables en un barrio cualquiera de Madrid (extrapolable a una ciudad española cualquiera). Tiene un cariz histórico, pero lo que llena sus páginas es el carácter humano. La mala fortuna, que sucede a los habitantes de este barrio, concatenará una serie de ayudas mutuas que deberían ser lección. Es la supervivencia. Es encender una llama en el túnel oscuro con el final luminoso sellado.

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Es un libro que debería quedar en la cabecera del manual de aquel docente que realmente quiera enseñar historia contemporánea a sus alumnos. Es la obra con la que nos identificamos y con la que los que vienen encontrarán reflejos y paralelismos. El título proviene de la práctica que los sabios mayores recuerdan de su infancia: besar el pan cada vez que este caía al suelo.

Este es el símbolo de la escasez, de la supremacía del que tiene por encima de sus posibilidades y, aun así, también necesita lo que posee el que a duras penas sobrevive. Cerca de los feudos y las rentas de los pueblerinos al rey.

Y mientras tanto, nosotros nos creeremos cómodos en nuestros trece y nos excederemos en lo vintage hasta el punto de volver a tener que aprender a besar, nosotros dos veces, el pan.

UG.

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