Un Superman en bragas

¡Lo que puede un vuelo cambiar la vida a una persona! Kara Zor-El podría venir de la mano de CBS a volar cánones (pero las feministas la seguirán odiando). ¿Quién es ella? La prima de Superman. Sí, su prima.

Resulta que cuando mandaron al otro ego de Clark Kent a la Tierra, el paquete llevaba sorpresa incluida. Lo que pasa es que la familia de Kara (que la encarna Melissa Benoist de Glee) fue más precavida e inquirió a la adoptada a no usar sus superpoderes. La muchacha cumplió su palabra. Entonces entra en acción Chyler Leigh, actriz que dio vida a Lexie Grey, el personaje de Anatomía de Grey que su creadora asesinó en un accidente aéreo para un dramático fin de temporada. Le faltó a Lexie una hermanastra con habilidades sobrehumanas para continuar con su ahora anhelada andadura en la serie de médicos. Alex sí la tuvo.

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Así, en este trabajo en el que conviven el spin-off de El Diablo Viste de Prada y la cara B de un videoclip con presupuesto de crowdfunging fracasado, Benoist se dedica a salvar a su ciudad con una falda por encima de la rodilla.

No viste ropa interior sobre las medias como su primo pero tiene superpoderes y debilidades kriptonianas. No obstante, no es una superheroína creíble. Cuando pelea parece ejecutar la misma coreografía que Lady Gaga después de agotar las reservas de J&B. Recibe golpes sin dolor físico. No hay rasguños. ¡Gracias a que por lo menos se despeina un poco! Kara trabaja en un medio de comunicación (qué original) dominado por su propia Miranda Priestly; una jefa que se preocupó de mimetizarse físicamente con Jessica Lange, pero a la que se le olvidó copiar sus dotes interpretativas (ya le gustaría a Ally McBeal).

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Supergirl es ese contrapunto del prototipo “esto es para chicos”. La figura ya existente de un héroe, pero feminizado. Vamos, un Superman para chicas. En una lucha con sus coetáneos en la ficción probablemente el contrincante se rendiría antes de empezar a zurrarse. Porque esta actriz viene de Glee. Arrow, del mismo carácter, y con una razón de ser más ridícula que ser la-primísima-de, se dejaría ganar. Porque el Robin Hood con flechas de acero encarnado por Stephen Amell suda cuando lucha, sufre cuando lo hieren y, a pesar de su aparente invencibilidad, también sangra.

Y entre patada de tacón y minifalda al vuelo, ¿se ha dado cuenta alguien de que entre los malos, de los que se pringan y mueren, no hay una sola villana? El salvar al mundo, al final, es la excusa para sacar a un Superman en bragas.

UG.

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