Star Wars: el barrido espacial de los 80

La ópera espacial representa el subgénero de la ciencia ficción que trata historias futuristas emplazadas en el espacio exterior o en un planeta ficticio y en las que participan civilizaciones extraterrestres de seres antropomórficos que hablan un idioma comprensible para los protagonistas, que son humanos (o algo similar). Con una descripción de estas características es inevitable que pensemos en uno de sus máximos exponentes: Star Wars.

La saga, que comenzó en 1977 no por el primero de sus capítulos, sino por el Episodio IV, es un ejemplo de cómo la ciencia tecnológica ha tocado no siempre para bien el cine. En Una nueva esperanza los efectos especiales son atrevidos y avanzados para la época, pero vistos desde el siglo XXI, pueden parecer un poco pobres. No obstante, conforme la saga avanza (o da bandazos en episodios alternos) esto no está tan claro.

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En 2002 se estrenó el Episodio II, El Ataque de los Clones. En este momento La Guerra de las Galaxias tiene un precedente que ha convertido a la tira en un éxito y por eso parece que lo espectacular no tiene medida. El resultado es un abuso del croma demasiado evidente, un Yoda absolutamente informatizado (en las primeras películas era un muñeco) y un buen argumento pésimamente ejecutado. El Episodio III, en 2005, muestra una Venganza de los Sith con un croma mejor trabajado, pero sigue dando la sensación videojuego en lugar de celuloide. A estas alturas, además, la saga está un tanto infantilizada.

Atrás han quedado las texturas creíbles del Episodio I (1999) La amenaza fantasma, donde lo importante no es la magnificencia de los efectos especiales y además la unidad estética no está tan descuidada como posteriormente. No obstante, este capítulo se acerca al 2000, lo que ya muestra un argumento en ocasiones estúpido.El despertar de la fuerza es el episodio de estreno más reciente. Pero con todo lo que le ha precedido para 2015 en la saga, es más que concluyente deducir que la fuerza se quedó dormida en los 80.

Aun con todo, Star Wars sigue guardando su seña de identidad, más allá de los créditos iniciales. Las transiciones iniciales están intactas. Y parece mentira que a estas alturas de los prodigios de la postproducción lo más primitivo, de 1977, sea de lo poco maravilloso que le queda a esta ópera estancada en los 80.

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