Bajo el disfraz había más que una pretensión

Lady Gaga ya no es lo que era. Y, aunque parezca todo lo contrario, no es para mal. Su cuarto trabajo de estudio, ARTPOP, me dejó con muy mal sabor de boca. Un disco con canciones pasables (Applause, G.U.Y) y temas pésimos (Donatella, Mary Jane Holland). Una gira con un temario del sopor. Promesas que quedaron en humo (un segundo acto de ARTPOP con mejores temas, una app amadrinada por la NASA con funcionalidades nunca antes vistas). Ella dijo que era conceptual, y ahora, reconoce que no todo el mundo lo entendió. Me incluyo.

Ha regresado con Joanne que era, en principio, una sucesora de un fracaso (creativo) anunciado; el último coletazo que da el pez para intentar hacer entender al pescador que en la superficie no puede vivir. Su primer extracto, Perfect Illusion, con un videoclip poco espectacular, sin pelucas, excentricidades o coreografías pegadizas… ¿Dónde había quedado el sello de la Gaga que se vistió con filetes de carne para la recogida de un premio?

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Sin embargo, la publicación del quinto disco de estudio de la cantante, y actriz estrella de American Horror Story: Hotel, me quitó toda la razón. Joanne, en honor a la memoria de la difunta hermana de Gaga-Padre, es de lejos el mejor disco de la que empezó a cantar en clubs de striptease, según alguna biografía no autorizada. Todos los artificios de The Fame, The Fame Monster, Born This Way ARTPOP quedan abnegados en un disco en el que el sonido country, soul y folk, entre otros, fluyen puros. Destacan, muy por encima del single principal, A-YO, John Wayne Diamond Heart.

El trabajo cuenta también con una profunda balada, Million Reasons (la niña mimada de Joanne) que permite a la artista presentarse en televisión sin más artificios que la propia canción. Además, en el disco no faltan los himnos con mensaje que cala, como el de Angel Down (Soy creyente y esto es un caos / ¿Dónde están nuestros líderes?) o Come To Mama (¿Por qué tenemos que decir al otro cómo tiene que vivir?), interpretada por Lady Gaga en uno de los últimos discursos de Hillary Clinton en su carrera a la Casa Blanca.

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Quizá su notoria implicación política en las últimas elecciones estadounidenses, situándose en la armada de Clinton y siendo excepcionalmente crítica con Donald Trump, ha sido el matiz que ha otorgado a Lady Gaga esa planta de “cantautora-y-nada-más” de la que parece que va a presumir en esta nueva etapa de su carrera. Quizá al haberse desprendido del disfraz el mundo la ha tomado en serio. O quizá su quehacer no respondía a ser la abanderada de la excentricidad, sino a hacer buena música y ya está. En mostrar, por fin, que aquello que cantaba en Aura, de ARTPOP (“¿Quieres verme desnuda, mi amor? ¿Quieres ver a la chica que vive bajo el burqa?“) era algo más que una pretensión.

El disco mejora en directo. Tardará en salir a la carretera, avión y barco para llevar a Joanne por todo el planeta, porque tiene pendiente, entre otros, una actuación en la Super Bowl, pero esta vez todo apunta a que merecerá la pena.

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Su reciente gira de presentación, varios mini-conciertos en pequeños bares,  abre el apetito para una madurez musical centrada exclusivamente en las canciones, sin dejar de ser esa artista que no se lava la mano después de ofrecérsela a un fan, sino de la que no duda en lanzarse una y otra vez sobre su público. Well done, Gaga.

UG.

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