Por exigencias del espectador

Escribir sobre temas relacionados con la cultura a veces es complicado. A priori podría parecer sencillo porque es un sector con un número mayúsculo de opciones que disfrutar, aunque su consumo no siempre tiene una amplitud tan grande como el abanico de la oferta.

Echando mano de una de las técnicas de inspiración para la escritura, he iniciado esta entrada tecleando lo primero que se me viene a la cabeza, sin filtro. Sin embargo, soy consciente de que de un blog que presume de ser cultural necesita abordar los asuntos con unas características determinadas. Se me vienen, entonces, a la mente adjetivos como anodino u omnipresente para hacer de esta entrada lo que se espera: algo culto. ¿No es así?

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Últimamente una buena crítica cinematográfica deja de serlo si no hay referencia al trabajo del director del largometraje en cuestión. Se hace del texto algo trabajado si entre líneas su autor habla de la manera en la que trabaja el profesional del cine y de lo que se espera de él. Y también que para un buen crítico la justificación de que una película pinche recae sobre el director, porque no ha hecho lo que se espera de él.

Hace un par de semanas disfruté de la adaptación del clásico La Bella y la Bestia dirigida por Bill Condon, como siempre, sin dejarme influenciar por las críticas. Eso es un trabajo que hago a posteriori. Y fue entonces cuando me encontré con que Jordi Costa dice esto en El País:

“A la supuesta vocación de fidelidad de Bill Condon la ha cargado el diablo, porque no solo mucho se ha perdido por el camino, sino que las nuevas aportaciones restan y no suman.” 

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¿Costa fue a ver la película por la vocación de fidelidad de Condon? Quim Casas de El Periódico también habla sobre el director del clásico de Disney, pero lo hace de una forma más acertada. Lo de Condon suma, no es un condicional de una buena o mala opinión:

“Condon aporta a ‘La Bella y la Bestia’ mayor mesura dramática, estilización en los números cantados y gran aprovechamiento del decorado y la tecnología para crear emociones.”

Vivimos en una sociedad en la que el artista del cine no goza de la libertad en último término porque se espera algo de él, sea director, actor o productor. La literatura encasilla a aquellos escritores que triunfan en un determinado género y si el registro cambia, llega la decepción del “no me esperaba esto de ti”. Exigimos a las mujeres en el pop (sobre todo las enfocadas al público adolescente) más destape vulgar que se equivoca con sensualidad. Y cuando ellas se quieren tapar, llega la decepción.

 

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Batman (1989) de Tim Burton es una de mis favoritas de la serie; porque es oscura, como gran parte del trabajo del director. Sin embargo odio Sombras Tenebrosas (2012) pero apruebo Mars Attacks! (1996), que en Filmaffinity no llega al 6. Spielberg hizo Tiburón (1975), Encuentros en tercera fase (1977) y E.T., el extraterrestre (1982), y creo que de cada una de ellas se esperan conceptos diferentes por parte del director.

Si en algo se caracteriza la creatividad eso es en la libertad de la formación de sus industrias. Las exigencias no funcionan más que para coartar a las ideas. Y, como no queremos una pescadilla que se muerda la cabeza, que todo no sea condicionado por las exigencias del espectador, por favor.
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