Categoría: Cine

Por exigencias del espectador

Escribir sobre temas relacionados con la cultura a veces es complicado. A priori podría parecer sencillo porque es un sector con un número mayúsculo de opciones que disfrutar, aunque su consumo no siempre tiene una amplitud tan grande como el abanico de la oferta.

Echando mano de una de las técnicas de inspiración para la escritura, he iniciado esta entrada tecleando lo primero que se me viene a la cabeza, sin filtro. Sin embargo, soy consciente de que de un blog que presume de ser cultural necesita abordar los asuntos con unas características determinadas. Se me vienen, entonces, a la mente adjetivos como anodino u omnipresente para hacer de esta entrada lo que se espera: algo culto. ¿No es así?

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Opiniones impopulares

Hace unos días recordé que llevaba mucho tiempo queriendo ver la película Acantilado. Es una adaptación de la novela El contenido del silencio de Lucía Etxebarria que leí hace varios años y me gustó muchísimo. La descripción del paisaje canario, donde se desarrolla la novela que habla de una secta muy turbia, me pareció maravillosa y recuerdo que pensé que sería una suerte verla en la gran pantalla (aunque fuese una obra del cine patrio).

La cuestión es que siempre que voy a ver una película que ha tenido rodaje desde su estreno (creo que esta es de principios de 2016) primero veo su puntuación en Filmaffinity. Desconozco el motivo, pero desde hace tiempo esta web es mi Biblia cinematográfica. Aunque sea de letras, si tengo que elegir un parámetro en cuestiones de criterio solo me fío de los números. Nada de críticas escritas desde quién sabe qué intereses o traumas infantiles.

Así pues, vi que los usuarios de Filmaffinity que han querido puntuar Acantilados no le han dando el aprobado. Se queda cerca del 5, pero la cinta de Helena Taberna tiene que pasar por septiembre. Sin embargo, yo le puse un 6. Porque, guardando las distancias de la definición subjetiva de lo que es bueno y es malo, a mí me gustó. Y luego me acuerdo de La La Land (o Ciudad de las estrellas), que está actuando como estringente para todo el planeta, porque está nominada a no sé cuántos Oscars y tiene no sé qué referencias cinematográficas. Y a mí me dolía darle más de un 3 de 10. Porque no me gustan los musicales y porque creo que el argumento alardea con vanidad de demasiada dispersión. Pero, ¿ir a contracorriente es algo negativo? Todo esto me hace pensar que sí.

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Una película para (re)vivir Gernika

No suelo tener demasiada fe en el cine español. Normalmente me enfrento a una cinta Made in Spain con no demasiadas expectativas. Sea o no consecuencia de una lista de decepciones continuadas de un cine repetido con caras, la cuestión es que un zasca no me viene mal de vez en cuando. Esto ya lo experimenté con La NoviaLoreak, que no daba un duro por el film vasco y ahora es una de mis favoritas, o con Julieta, más bien condicionado por la crítica en este caso.

Lo cierto es que horas después de haber visto Gernika tengo que sumar una excepción más a mi tozudez. Esta película de Koldo Serra es un epitafio al símbolo vasco contra el que el nazismo, Mussolini y Franco atentaron en 1937. Un film de concepto político pero con una línea disuadida entre el periodismo de mordaza y la regla amorosa que se presenta por norma en las películas de sombra bélica.

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Star Wars: el barrido espacial de los 80

La ópera espacial representa el subgénero de la ciencia ficción que trata historias futuristas emplazadas en el espacio exterior o en un planeta ficticio y en las que participan civilizaciones extraterrestres de seres antropomórficos que hablan un idioma comprensible para los protagonistas, que son humanos (o algo similar). Con una descripción de estas características es inevitable que pensemos en uno de sus máximos exponentes: Star Wars.

La saga, que comenzó en 1977 no por el primero de sus capítulos, sino por el Episodio IV, es un ejemplo de cómo la ciencia tecnológica ha tocado no siempre para bien el cine. En Una nueva esperanza los efectos especiales son atrevidos y avanzados para la época, pero vistos desde el siglo XXI, pueden parecer un poco pobres. No obstante, conforme la saga avanza (o da bandazos en episodios alternos) esto no está tan claro.

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Hacer del amor absurdo algo inteligente

Michael Chacon cantaba aquello de “el único fruto del amor es la banana” porque nadie le había llevado a ver Kiki: el amor se hace. En Metropoli leo esta semana que la nueva película de Paco León ha podido incluso con lo último de Almodovar, que ha sido el peor de los últimos veinte años en taquilla.

Lo cierto es que en un principio no sabía muy bien qué esperar de Kiki. Lo anterior de León (Carmina o revienta Carmina y amén) no consiguió llevarme al lado del grupo que adora el debut en la dirección cinematográfica del actor de Aída. Pero lo de Kiki es otra cosa.

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Cuando hacemos necios a los Dioses

¿Quién dijo que Superman actúa por el bien común? ¿Y si los superhéroes fueran los que establecen qué es el bien y qué es el mal? La liga de los justicieros tiene en sus filas a demasiados personajes como para seguir produciendo nuevas historias o capítulos de origen. Entonces, ¿por qué no enfrentarlos?

El primero en atreverse a ello ha sido Zack Snyder. El director, responsable de la soporífera historia del origen moderno de Superman (El hombre de acero), sin prima, ha sido de los primeros en llevar a la gran pantalla la batalla entre Batman y el hijo de Krypton en un futuro en el que no está claro si es mayor Bruce Wayne o su mayordomo.

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Todas a una y Rachel en todas

Lo de posar, aunque a algunos no se lo parezca, también es un arte. Coloca la cabeza así, no, más inclinada, un poco más, mirada, ¡peluquería! se le encrespa el pelo, mantén la compostura, así, muy bien… clic, clic, clic. Aparenta después calma fuera del refugio de las prendas. Y más clics. Debe estar muy bien pagado. Más aun si tienes que llevar encima, sobre tu cuerpo desnudo, una pesada serpiente viva.

Así me encuentro a Rahel Weisz cuando busco su nombre en Google Images. Como la Eva juguetona del Edén, la actriz posó desnuda, con una serpiente sobre su cuerpo en la portada de Esquire en 2004. Habrán trascurrido unos cinco años en la imagen desde el estreno de The Mummy (1999), una de las primeras películas que vi de Weisz.

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